El silencio de los condenados

El frío de esta noche me congela sin piedad. Los relámpagos se distinguen entre las sombrías nubes tóxicas que ocultan el firmamento. A mis veinte años he visto decenas de tormentas similares, todas ellas en este mismo navío, pero esta vez es diferente. El vaivén de las olas es inestable, como una cuna a punto … Sigue leyendo El silencio de los condenados

Microcuento: Arde.

El tío Hugo duerme en el salón. Tiene una botella de ron vertida sobre su pecho y el sofá. Siempre está triste así que le he prendido fuego para que arda. Ahora es como el fénix que renace del fuego. No estará triste nunca más. Ya le oigo gritar de alegría. — Lola Molina